Agur

Nota informativa: el jueves 27 de agosto el obispado procederá al arrancado de las palmeras.

—Queridas vecinas y vecinos, paseantes, jóvenes y no tan jóvenes, gente de aquí y gente de todas partes, buena gente: no queremos marcharnos sin agradeceros vuestro esfuerzo y vuestro cariño.
—Sabemos todo lo que habéis hecho por nosotras, contra viento y marea, con tanto valor.
–Intentaremos no llorar, contener las lágrimas cuando arranquen nuestras raíces. Nos mantendremos erguidas. 
—Tampoco queremos que lloréis, es importante que transforméis la tristeza en energía para poder continuar con vuestra lucha.
—Sí, la historia está llena de errores, de barbaridades que no se cuentan para que el olvido y el sometimiento sean colectivos. Ha pasado siempre y sigue pasando, represiones que cambian de forma y que se adornan con mentiras.
—Bilbao no es diferente, el barrio de Abando no es diferente. Si las paredes de los edificios que van cayendo o que se han ido transformando tuviesen voz, susurrarían muchas cosas.
—Nosotras hemos visto y oído casi todo. Mientras nos cortaban las palmas y los pájaros nos decían adiós, nos acordamos de esas mujeres a las que raparon la cabeza en esos años de guerra, de dictadura y de nacionalcatolicismo.
—Es curioso, ha llovido mucho desde entonces, pero ¿no tenéis la sensación de que la iglesia y las instituciones siguen hermanadas?
—Ayer se nos acercó una paloma y nos contó que había visto al obispo y al alcalde juntos en Begoña. Dice que con la mirada hablaron de nosotras.
—No, no quedáis en buenas manos, a todos esos les importáis un bledo, igual que nosotras. Ni siquiera ahora, con la que está cayendo, os escuchan.
—Tenéis que ser valientes. Los operarios vendrán con instrucciones muy precisas, dispuestos a cumplirlas sin rechistar porque aquí, al que abre la boca…
—Por mucho que intenten no manipular demasiado nuestro cepellón, va a ser imposible evitar que nos hieran.
—Sí, un experto en este tipo de trasplantes ya lo dijo en voz baja, con miedo por si le oían.
—Somos hierbas gigantes, muy longevas y muy delicadas, si se quiebran nuestras raíces…
—Nos secaremos.
—Por favor, no os rindáis, acordaos de las fotos que os habéis sacado con nosotras. Así es como queremos que nos recordéis, con nuestra preciosa corona y la música de los pájaros, verdes, vivas.
—Para el obispo y para el alcalde nuestra ausencia serán dos pozos opacos y profundos como nuestras raíces. No lo saben, pero seremos un boquete en su conciencia.
—Sí, como el de las bombas que cayeron por orden del General Mola.
—Lo que van a hacer con nosotras y lo que pretenden hacer con el edificio no es una anécdota que se difumina como el vaho. Es un pelotazo en toda regla y con todas sus consecuencias, tiempo al tiempo.
—Lo único que os pedimos es que lo contéis, que se sepa, que sigáis haciendo ruido, que habléis de nosotras. Que trascienda. Este es un lugar que sigue sumando memoria, con placa o sin ella.
—El tiempo se agota y nos faltan palabras para daros las gracias y deciros hasta siempre.
—Nunca, jamás os olvidaremos.

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