Hay una decisión política activa y consciente de dar un trato de favor al Obispado en lugar de poner fin a esta anomalía.

El Obispado no cumple con las resoluciones municipales. El ayuntamiento de Bilbao no las hace cumplir. Desde Abando Habitable ya lo hemos denunciado en repetidas ocasiones, pero conviene recordarlo en voz alta.
Unos y otros fingen que actúan, pero la ocupación de espacio público continúa y el agujero, donde el Obispado y Mutualia quieren construir un edificio de la Diócesis y una clínica Mutualia, sigue en el corazón de nuestro barrio.
Llevamos más de un año denunciando que la licencia de construcción ha caducado. Ahora que administrativamente ha expirado y que el Obispado ha perdido todos los recursos presentados, el hecho de que lleve 3 meses incumpliendo las resoluciones municipales ya no es noticia.
El Ayuntamiento dijo en diciembre que iba a imponer una multa coercitiva por mes al Obispado por desobediencia. Parecía que por fin el consistorio había decidido ejercer sus funciones. Pero ahora descubrimos… ¡que le ha girado la primera multa en marzo y solo una! Si fuera cualquiera de nosotros, tendríamos la multa certificada mañana mismo.
El trato de favor empezó mucho antes. El gobierno municipal, con Abaunza y Aburto, alcalde y concejal de urbanismo, defendió y recalificó a la carta la parcela para que el Obispado pudiera llevar a cabo su pelotazo con Mutualia y Murias. Sin siquiera haber llegado a construir, ya se ha embolsado millones.
Hay más ejemplos de ese trato privilegiado. Uno de los últimos favores que hemos descubierto ha sido que el Obispado no había pagado las tasas de las obras, cuantía que tiene que desembolsar quien quiere obtener una licencia. El Ayuntamiento no gestionó el pago, medio millón de euros, hasta hace unos meses. Han pasado 4 años desde la concesión de la licencia. Se desconoce si ha llegado finalmente a pagar. Sobre el impuesto por las obras, tampoco se ha cobrado porque el Obispado se resiste a presentar la liquidación final de la obra.
Sin embargo, el comportamiento inadmisible del Ayuntamiento va más allá de lo relatado aquí. Impone con toda la dilación posible una multa de 600€ para que, de cara a la opinión pública, parezca que toma las riendas del asunto.
El objetivo de las multas coercitivas no es llenar las arcas municipales, sino obligar a que se cumpla la ley. Una gran empresa como es la diócesis de la iglesia católica de Bilbao puede pagar sin pestañear la multa. Si la multa se paga, pero el problema persiste, la administración ha fracasado. El Ayuntamiento debería usar medidas de ejecución forzosa reales y efectivas para restaurar la urbanización de la parcela y cobrárselo al dueño, y evitar así una situación como la actual.
Esta dejadez manifiesta de funciones no es inacción, es una decisión política activa y consciente que da tiempo extra al Obispado mientras el entorno se degrada. No es una metáfora, hemos visto caer la valla de obra frente al colegio de nuestros hijos por falta de mantenimiento. El Ayuntamiento aduce que hace todo lo que la normativa permite. Nosotros decimos que hay desidia voluntaria o negligencia.
Cuando las instituciones no garantizan el cumplimiento de la ley, el mensaje a la ciudadanía es claro: hay quienes pueden incumplirla sin consecuencias reales.
Mientras tanto el “agujero de Abando” sigue ahí: un solar degradado, un espacio público ocupado y un problema que se cronifica. Es la prueba visible, cada día, de que hay instituciones que miran hacia otro lado cuando quien incumple tiene suficiente poder. No necesitamos más gestos ni más tiempos muertos. Necesitamos que el ayuntamiento de Bilbao actúe con determinación, que ponga fin a esta anomalía y que se priorice el interés vecinal frente a intereses privados.
En nuestro seguimiento del expedeinte de construcción puedes consultar todas las resoluciones y denuncias:

